martes, 19 de abril de 2016

Kike Ferrari: 'Nadie es inocente'

"Historias cortas, como canciones", dice Ferrari de su última obra 'Nadie es inocente'. "Porque un libro de relatos es lo más parecido a los discos que nunca pude grabar: hay canciones lentas, otras rápidas y furiosas, algunos covers", añade de este "cuento" -porque así lo llama-. "Pueden escucharse completo o cada una por separado. Y, como todo buen álbum, hay una idea que lo recorre", finaliza la descripción. Y después, cuando le pegas el golpe a la tapa y lo cierras al terminar, te preguntas: ¿Quiénes son los malos y quiénes los inocentes? Os dejamos un fragmento de 'Nadie es inocente':


"Roxana caminando. Unos pasos hacia la rivera el río, de vuelta hasta su bolso. Rivera, bolso; rivera, bolso. Y así. Sus diecisiete años estaban llenos de temor y esperanza. Amelia, su mejor amiga, la había llamado desde Posadas. Si lograba cruzar a la Argentina, tenía un trabajo para ella, nada con lo que se fueran a hacer ricas, pero un trabajo, al fin. Compartiendo el alquiler y con el cambio a favor, esa plata le permitiría mandar algo a su madre y sus hermanos cada un par de meses. Roxana sabía de las redes de trata que habían secuestrado ya a varias chicas de Roa Bastos, su pueblo, pero Amelia había estado en Roa Bastos el verano anterior, sola, hasta había llevado fotos y confiaba en que no le haría una cosa así. Además las redes solían usar como anzuelo un trabajo en un bar en el que, supuestamente, se ganaban fortunas por propinas y no un oscuro empleo de empaquetadora en un yerbatal. Por las dudas en su mochila cargaba un pesado revolver que había sido de su padre: si la esperaban para hacerla puta, alguno se iba a llevar la panza llena de plomo".

"Caetano, en cambio, cargaba el arma como una extensión del cuerpo, apretada contra la cintura. Sabía que, recién fugado de la cárcel, lo único que tenía -lo que habían podido conseguir los de afuera para él- era un documento falso que no admitía una revisión demasiado exhaustiva, un puñado de billetes y esa Smith & Wesson de doce disparos. Le dolía un poco el brazo izquierdo que, mal vendado, colgaba en cabestrillo de su cuello y parecía estar roto en dos lugares. Pero llevaba la espera tranquilo, quieto en su lugar. Después de varios años a la sombra, esperar se había transformado en una segunda naturaleza para él. Lo importante ahora era llegar al lado argentino y contactarse con los compañeros que lo esperaban para llevarlo a Buenos Aires. Desde ahí verían cómo recomenzar".

Si queréis, podéis escuchar a Kike Ferrari leer uno de sus relatos completos de su novela 'Nadie es inocente'  en Canal Libretería

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